La nueva entrega del hombre de acero combina grandes efectos especiales con un guion endeble y políticamente correcto.
Los últimos quince años no están siendo los mejores para Hollywood. La industria tiene más competencia que nunca, entre plataformas de streaming y redes sociales, pero no está encarando el desafío con desparpajo y talento, sino tirando de remakes, secuelas y sagas consolidadas. El cine de superhéroes es más central que nunca, aunque como dijo Martin Scorsese haya degenerado en productos tan infantiles que cuesta designarlos con la misma etiqueta que usamos para el cine.
La última película de Superman, titulada simplemente con el nombre del héroe, es otro ejemplo de mediocridad, reblandecimiento y falta de respeto a la tradición del personaje. Se ha desatado una guerra de reseñas en Estados Unidos, unas que lamentan su militancia progresista y woke frente a otras que celebran la deconstrucción del «hombre de acero» y fuerzan su condición de inmigrante.
«Lo más ridículo del filme es apostar por un Superman animalista»
Varios críticos del Superman de 2025, dirigido por el especialista de superhéroes James Gunn, coinciden en usar el adjetivo cheesy, que significa «cursi», «empalagoso» y «de mala calidad». La película pone muy difícil no estar de acuerdo: la salvan los efectos especiales, entre hipnóticos y asfixiantes, donde destacan dos crudísimos intentos de matar al superhéroe. Los personajes son planos incluso para los estándares del género, ya poco exigentes de por sí.
El guion destaca por su incapacidad para combinar registros con naturalidad: Superman suena fallido cuando intenta un monólogo shakesperiano, pero si hubiese bordado los pasajes melodramáticos estos se habrían arruinado justo después, al pegarlos a escenas que parecen sacadas de la serie infantil de dibujos animados «La patrulla canina». Lo más ridículo del filme es apostar por un Superman animalista, que en mitad de una salvaje destrucción de Metrópolis se empeña en rescatar a una ardilla. Un grupo de niñas de doce o trece años lo comentaban confundidas a la salida del cine: «¿Cómo se preocupa de eso en vez de por salvar personas?».
«El director describió al superhéroe como un inmigrante que busca una vida mejor fuera de su país»
«Superman es la historia de Estados Unidos», explicó Gunn en la presentación. «Un inmigrante que vino de otros lugares y pobló el país, pero para mí es principalmente una historia que demuestra que la bondad humana básica es un valor y algo que hemos perdido». El director describió al superhéroe como «un inmigrante que busca una vida mejor fuera de su país», mientras los militantes de izquierda recordaban que fue creado en 1938 por dos expatriados judíos que huían del nazismo, Jerry Siegel y Joel Shuster.
La realidad, para empezar, es que un alienígena superhumano no se puede considerar un inmigrante, más cuando tiene superpoderes de sobra para evitar las limitaciones que le imponga cualquier poder estatal. La afición está dividida entre quienes consideran la película una defensa de la humanidad elemental y quienes lamentan que Hollywood parezca incapaz de facturar diversión sin endosar sermones buenistas a sus clientes.
«Aunque el nuevo actor de Superman es mucho más musculoso, Christopher Reeve resultaba más masculino, rebosante de aplomo, dignidad y poder»
Hay una escena muy reveladora de las mutaciones woke en el personaje. Superman (David Corenswet) está en el apartamento de su novia, Lois Lane (Rachel Broshanan), cuando esta le presiona para que le conceda una entrevista para el periódico Daily Planet. Superman acepta a regañadientes para luego perder los nervios con cada pregunta que considera incómoda, que son casi todas.
Al final se quiere marchar a casa sin siquiera cenar con la periodista, a la que hace media hora estaba encantado de ver. Qué diferencia con la primera entrega de la saga, dirigida por Richard Donner y estrenada en 1978. Aunque el nuevo actor de Superman es mucho más musculoso, Christopher Reeve resultaba más masculino, rebosante de aplomo, dignidad y poder. Visten el mismo uniforme, pero cuesta pensar que estamos ante el mismo personaje.
«Superman es claramente un activista político que interviene en un conflicto muy similar al de Israel y Palestina»
El dilema central que parece recorrer la película es el de si debemos confiar en la bondad esencial de los seres humanos —como hace Supermán— o aplicar un mayor escepticismo —que encarna Lois Lane—. Se presenta a un Clark Kent fan del punk-pop desde adolescente, que piensa que «quizá hoy el punk es confiar en las personas».
Superman es claramente un activista político que interviene en un conflicto muy similar al de Israel y Palestina, poniéndose del lado de un pueblo sin apenas armas de fenotipo árabe, que se enfrenta a un sofisticado ejército. Esta parte queda muy artificial y postiza, incluyendo la subtrama de un vendedor de kebabs de Metrópolis que admira a Superman hasta el punto de abrazar la posibilidad de morir por él.
«La historia es bastante fracaso, del que solo te distrae el alto nivel y ocasional brillantez de la estética y los efectos especiales»
El mejor personaje de las dos horas de historia es un joven Lex Luthor (Nicholas Hoult) en la cima de su carisma y eficacia, dedicado al tráfico internacional de armas, a las reuniones en el Pentágono para desacreditar a Superman y todavía le queda tiempo para crear universos paralelos de bolsillo donde construir macrocárceles implacables para sus enemigos.
El actor que lo interpreta está espléndido, aunque el guion caiga en el típico maniqueísmo de que ninguno de los gestos que hace en toda la historia sea simpático o bondadoso. A pesar de esta interpretación tan potente, mi impresión es que la historia es bastante fracaso, del que solo te distrae el alto nivel y ocasional brillantez de la estética y los efectos especiales.
Otro demérito del «Superman» de 2025 es que desperdicia un conflicto sustancioso y muy bien traído. En la aventura aparece un mensaje grabado de sus padres kriptonianos, donde piden al superhéroe que cuide de la Tierra, pero también revelan a Supermán la misión de dominar nuestro planeta para ponerlo a su servicio. El héroe, por tanto, debe decidir entre su naturaleza humana y metahumana, dando mucho vuelo filosófico a la serie. Es una lástima que en el filme se despache de manera acelerada y confusa, menospreciando esta gran baza narrativa. Una oportunidad perdida que alguien debe retomar.