El propósito de la Nueva Izquierda es transformar Occidente en el Cartago del siglo XXI: una ciudad devastada y sin futuro.
En una intervención ante el Parlamento Europeo el diputado Jorge Buxadé denunció a la izquierda por el uso de la Directiva de Servicios Digitales como «instrumento de censura masiva» para destruir la libertad de expresión, acabar con la disidencia e imponer un sistema de control total: «Con mucho dinero y amenazas son ustedes los que llevan décadas imponiendo en los medios, universidades y colegios sus dogmas fanáticos, caza de brujas, cancelación profesional o censura directa».
«Las denuncias de Jorge Buxadé en cuanto a que se han utilizado verificadores de ‘la verdad’ cobran tintes monstruosos si entendemos que la élite globalita podría imponernos un totalitarismo digital»
El proceso de esquizofrenización al que han sometido los líderes de la Nueva Izquierda a Occidente arrasando con la libertad, encarcelando a los disidentes y persiguiendo a los defensores de la verdad me recuerda un libro que se titula, The End of Everything, How Wars end into Annihilation. En él, Victor Davis Hanson analiza cómo y por qué las sociedades, desde la antigua Grecia hasta la era moderna, decidieron destruir por completo a sus enemigos y advierte sobre la posibilidad de que se produzcan guerras de destrucción similares en nuestra época. No me extenderé sobre el contenido del libro. Lo cito porque, tras la asunción de Donald Trump y el anuncio de sus primeras medidas, mi instinto de autoconservación, en lugar de experimentar el repentino alivio que observo en muchos miembros de la Nueva Derecha, se ha agudizado.
Es como si en el puzle de la victoria faltara una pieza clave. El tono de alarma de Buxadé sumado a una experiencia personal reciente se entretejen facilitando una toma de conciencia más profunda. Las denuncias del europarlamentario en cuanto a que se han utilizado a verificadores de «la verdad» que actúan como agentes de la Checa cobran ribetes monstruosos si entendemos el poder que la elite globalista podría ejercer en caso de decidirse a imponernos un totalitarismo digital. Fue mi intento por comprar un plan de teléfono móvil en Alemania el que me recordó los tiempos de pandemia ya olvidados por masas de ciudadanos sin opinión, todavía convencidos de que los encerraron por su bien, mal configurados psíquicamente gracias a un tipo de vida hedonista que se reduce a la satisfacción de los impulsos vitales más básicos.
«Gracias a la dependencia del teléfono móvil y a políticas como el Pasaporte Digital, hoy los Estados tienen el poder de reducir nuestra libertad a un puñado de recuerdos»
Gracias a la dependencia del teléfono móvil y a políticas como el Pasaporte Digital, en la práctica y sin ningún cambio o reforma, hoy los Estados tienen el poder de reducir nuestra libertad a un puñado de buenos recuerdos. Esa y no otra es nuestra realidad política. El problema, a mi juicio, es que parte de la Nueva Derecha no parece entender que la batalla cultural librada por las elites globalistas debe interpretarse como una decisión terminal -la de reducir la cultura cristiano-occidental a cenizas- al punto que la experiencia podría transformarse en el último capítulo del libro de Davis Hanson. ¿En qué se fundan mis sospechas sobre una falta de comprensión general?
«La razón que dio Donald Trump para retirar a EE. UU. de la OMS es que es injusto que su país pague 500 millones mientras china solo paga 39»
Analicemos la retirada de EE. UU. de la Organización Mundial de la Salud, una de las cabezas más visibles del Leviatán al servicio de las élites globalistas. A pesar de todos los «errores» cometidos en tiempos de «pandemia», de haber exigido la inoculación de millones de personas con vacunas experimentales y de imponer medidas que destrozaron la pequeña y mediana empresa, la razón que dio el presidente Donald Trump para retirarse es que es injusto que EE. UU. pagase 500 millones de dólares mientras China solo paga 39 millones. ¿Retirarse por dinero? Peor aún, por una cantidad ridícula en comparación al presupuesto nacional… ¿Por qué no denunciar los errores de una organización con aspiraciones totalitarias que busca liquidar la soberanía sanitaria de las naciones?
«El propósito de la Nueva Izquierda es transformar a Occidente en la Cartago del siglo XXI, con un proyecto globalista y la imposición de un Nuevo Orden Mundial»
El caso que comento es representativo y me parece que su origen podría ser un mal diagnóstico. Lo que no se ha comprendido es que el propósito de la Nueva Izquierda es transformar a Occidente en la ciudad de Cartago del siglo XXI. Si los miembros de la Nueva Derecha lo entendieran, entonces, una vez en el poder, su única opción sería llegar hasta las últimas consecuencias. Para ello es necesaria una glásnost que cumpla con el propósito de mostrarle a los ciudadanos la verdad sobre el proyecto globalista, el Nuevo Orden Mundial, la destrucción del capitalismo, la castración de los niños y el neomalthusianismo que se cubre con mantos de apocalipsis climáticas.
El siguiente paso es la aplicación de la ley a todos los políticos, médicos, abogados, psiquiatras, psicólogos, profesores, etc., que han destruido el esfuerzo de generaciones, la integridad psíquica y física de los niños y dejado sin empleo a millones de personas que hoy dependen de las dádivas estatales para subsistir.
«Cada país que logra escapar de las garras globalistas es una esperanza que obstaculiza el avance del Nuevo Orden Mundial y su religión ecocéntrica, antihumanista y antivida»
En lo que al diagnóstico se refiere, Javier Milei, actual presidente de Argentina, ha sido una excepción. Sus discursos ante el Foro de Davos y la ONU no dejaron lugar a dudas: el enemigo está dispuesto a acabar con todo. En este contexto, cada país que logra escapar de las garras globalistas -no importa si es pequeño como El Salvador o grande como EE. UU.-, es una esperanza que obstaculiza el avance del Nuevo Orden Mundial y su religión ecocéntrica, antihumanista y antivida.
«El Partido Nacional Libertario, liderado por Johannes Kaiser, en menos de tres meses se ha convertido en la tercera fuerza de derecha más importante de Chile»
En el contexto descrito tenemos una buena noticia. Un nuevo guerrero se ha levantado para luchar por la soberanía de las naciones y la conservación de nuestras raíces cristianas. Se trata del Partido Nacional Libertario liderado por mi hermano Johannes Kaiser que en menos de tres meses se ha convertido en la tercera fuerza de derecha más importante de Chile. Y todo indica que las posibilidades de llegar al primer lugar son altas. La propuesta es clara y no admite matices: la derecha económica o tradicional ha perdido la batalla y es hora de un resurgimiento de la derecha política antes de que la joya de Sudamérica caiga en la órbita del socialismo del siglo XXI.
«Los que luchamos en esta batalla gramsciana nos toca seguir despertando conciencias para que el grito por la libertad se transforme en gobiernos que nos liberen de la amenaza del totalitarismo digital»
En el intertanto, a todos los que luchamos en esta batalla gramsciana nos toca seguir despertando conciencias para que el grito por la libertad se transforme en gobiernos que nos liberen de la amenaza del totalitarismo digital, de la castración de los niños y del destino que las elites globalistas han preparado para transformar la civilización cristiana en Cartago: una cuidad devastada, sin presente ni futuro, reducida al eco de un pasado que apenas recuerda su nombre.