La Asociación de Familias Numerosas de Madrid (AFNM) lo ha vuelto a hacer. Tras las campañas «¿Se te está pasando el arroz?» y «Salva el planeta, ten más hijos», este año se han atrevido a plantear la siguiente cuestión: «¿Te parece divertido ir de flor en flor?», seguida por una esta advertencia: «Ahora todo son risas, pero en unos años comerás tú solo el día de Navidad. ¡Ojalá no te confundan, puedas formar una familia y que sea numerosa!». Todo ello acompañado de una imagen en la que un hombre y una mujer cenan solos, acompañados por los fantasmas de la familia que nunca formaron.
Un comentario de sentido común que no sería tan raro oír en casa o incluso en un grupo de amigos, pero que en una marquesina del Metro de Madrid provoca miradas atónitas, balbuceos de sorpresa e incluso algún vahído. Así estamos.
«Han llevado a España a mínimos históricos de natalidad»
La prensa sistémica, tanto la pública como la concertada, ha reaccionado como era de prever, tildando a la campaña de «bochornosa» y acusándola de obviar «cualquier tipo de modelo de familia que no sea un hombre y una mujer con muchos hijos». ¡Qué escándalo! Resulta que la Asociación de Familias Numerosas de Madrid hace campañas para promover las familias numerosas en vez de hacer un llamamiento a la ciudadanía para que permanezcan solteros y, sobre todo, se esterilicen voluntariamente. ¿Qué será lo siguiente?
Estos medios llegan hasta el despropósito de dar lecciones, indicando que «La natalidad se promueve con planes de conciliación laboral, vivienda asequible o con ciudades hechas para vivir y no concebidas como parques de atracciones». Esto, dicho por quienes han llevado a España a mínimos históricos de natalidad. Hay que reírse si no fuera, por desgracia, una tragedia que ya está afectando muy negativamente a nuestras vidas y que sólo va a hacer que empeorar.
«Lanzaron la campaña con el objetivo de ‘generar debate sobre cuestiones que no están en la calle’»
Por su parte, con ese tono conciliador y pluralista del que siempre hace gala la izquierda, la diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, Lorena Morales, criticó que Metro Madrid permita este tipo de campañas y abogó por la censura. La consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, Ana Dávila, optó por no decir nada sustancial (no vaya a ser que alguien en su propio partido se asuste) y liquidar el asunto con una gracieta: al ser preguntada, prefirió no valorar la campaña y limitarse a decir que «Así, a priori, cuando he visto lo de ‘ir de flor en flor’, me suena más a Ábalos que a familias».
Mientras tanto, la presidenta de la AFNM, María Menéndez, ha asegurado que la campaña pretende «cuestionar los estilos de vida actuales basados en relaciones sin compromiso, promovidos desde las redes sociales y aplicaciones de citas que pueden parecer muy atractivas al principio, pero esconden un futuro marcado por la soledad e inestabilidad emocional». Añadió que «se ha extendido una visión desdibujada del amor y la vida en familia, en la que el compromiso se evita y las relaciones se consumen con la misma rapidez con la que se desliza una pantalla». Algo, por cierto, que cualquiera dedicado en serio a estos asuntos puede confirmar. Por último, explicó que lanzaron la campaña con el objetivo de «generar debate sobre cuestiones que no están en la calle» y llegar especialmente «a los jóvenes, sacudiéndolos y animándolos a tomar decisiones correctas». Enhorabuena, objetivo cumplido.
«El Estado español ha asumido en sus leyes y políticas una visión del hombre y de su vida en sociedad muy concreta»
Pero más allá de las obviedades y de los comentarios propios de adolescentes, el asunto me parece que pone de manifiesto una importante verdad: no existe ningún Estado neutral. No existe y no puede existir porque, por su propia naturaleza, el Estado asume decisiones morales. En ciertos momentos históricos en los que existe un consenso muy extendido puede creerse en la ficción de un Estado neutro, pero no es más que eso, un espejismo.
Y el Estado español ha asumido en sus leyes y políticas una visión del hombre y de su vida en sociedad muy concreta, una visión que podemos calificar de contraria a la naturaleza y a la tradición, en la que los deseos son sagrados… siempre que sean los deseos correctos (recuerden aquella maravilla de Simone de Beauvoir, presidenta entonces de la asociación Choisir (Elegir), que afirmó abiertamente que eso de elegir era muy importante, pero que no se le podía dar ese derecho a las mujeres porque demasiadas elegirían quedarse en casa).
Lo cierto es que desde el Estado se impone una moralidad, una visión del ser humano, una visión de la familia que es justamente la contraria a la que defiende la Asociación de Familias Numerosas de Madrid. Seguir estando convencidos de que la familia se funda en el vínculo matrimonial entre un hombre y una mujer es una herejía, una opinión inadmisible en la España de 2025. No es de extrañar pues la sucesión de vestiduras rasgadas: la campaña de la AFNM cuestiona el dogma establecido.
«De lo que se trata es de que el Estado deje de promocionar estilos de vida que nos llevan a la extinción»
Por si fuera poco, se han atrevido a romper otro tabú: la campaña no ha limitado su cartelería a los barrios que la izquierda tolera como reserva de reaccionarios, sino que se ha desplegado, entre otras, en la estación de metro de Chueca. Mayor escarnio pues: ya se sabe que ellos se pueden meter en tu casa a adoctrinar a tus hijos, pero el territorio que han marcado, cual osos en el bosque, es intocable.
Nos confundiríamos si a raíz de las críticas a la campaña reclamásemos la libertad de que cada cual lance campañas a su antojo. No se trata de que nos dejen poner nuestros carteles mientras el Ministerio de Sanidad se gasta nuestros impuestos en otro, gigante, con el lema «Hoy follas seguro». La neutralidad no existe y la familia natural o bien se protege y apoya, o bien, se la degrada a una opción entre muchas otras. Tertium non datur. De lo que se trata es de que el Estado deje de promocionar estilos de vida que nos llevan a la extinción y apueste por la única familia que garantiza el futuro: el matrimonio entre un hombre y una mujer abiertos a la llegada de nuevas vidas.