España en la lona

En el caso del actual, a su colaboración, por omisión, de la marginación del español en las calles y en la escuela pública, se une un trabajo ímprobo por conseguir que el idioma regional se convierta en oficial en la Unión Europea.

Una lona de grandes dimensiones cubre un edificio de la Gran Vía madrileña. Sobre su fondo blanco destaca una frase en catalán: Poder posar un anunci en català enmig de la Gran Vía. Debajo de la leyenda, la doctrina: «La democracia es tu poder». En la base de la tela, el escudo nacional y la firma: «Gobierno de España». A su lado, el lema que explica el cubrimiento textil: «España en libertad. 50 años». Una libertad necrófila, pues lo que realmente se conmemora es el fallecimiento de Francisco Franco, ese que tanto favoreció la industrialización de Cataluña, el mismo que fue recibido con pancartas en catalán en Berga o Lérida. El que recibió, en tres ocasiones, las máximas condecoraciones del Fútbol Club Barcelona, «ejército desarmado de Cataluña», a decir de Vázquez Montalbán.

En las redes, esas que el Gobierno quiere limpiar de los bulos y las manipulaciones de las que, dicen, son víctimas, sobre todo, los jóvenes, ha aparecido la imagen de Salvador Illa contemplando la proeza. La foto no deja ver su rostro, que imaginamos emocionado. Tan sólo su poblado occipucio, levemente difuminado, empañado ante el brillo democrático de la pancarta.

La respuesta ha llegado a través de esas mismas redes, que le han recordado lo evidente: la imposibilidad de que se diera el caso contrario. El ejemplo es reciente. La réplica a la inmaculada lona, pagada con el dinero del contribuyente, fue la imagen de la barcelonesa heladería Dellaostia vandalizada por no pasar por el aro lingüístico que ha estrechado el propio Illa.

En efecto, el año pasado, el Gobierno de don Salvador hizo una caja superior a los 400 000 euros gracias a las más de 200 multas con las que sancionó a comercios por cuestiones lingüísticas. Un ejército de chivatos trabaja denodadamente para elevar la recaudación: 1200 denuncias presentadas durante el año dan fe del celo con el que se intenta, gracias a una legislación que Illa no ha tocado, impedir que el empresario rotule como le venga en gana. Un caso único en el mundo que cuenta con excepciones en la propia Cataluña: los denunciantes acusan una total miopía cuando la rotulación que omite al catalán no se hace en español.

La heladería Dellaostia no es el único caso de vandalismo hispanófobo. Hablamos español puede dar fe de ello, pues cuando osó poner en una señal publicitaria la leyenda «Que no te cambien tu lengua, forma parte de tu personalidad», al lanzamiento de pintura le acompañó este amable dilema: «Parla català o emigra». Repare el lector en lo que decía el cartel. En él no se concretaba la lengua que forma parte de la personalidad del hablante. Es decir, no se atacaba al catalán. Denunciaba, de forma sutil, el proyecto lingüísticamente totalitario impulsado por los Pujol, Maragall, Torra… e Illa, cuya prosodia seminarista no oculta un propósito que no llega a cuajar por la sencilla razón de que el español es una lengua universal. Huelga decir los motivos por los que lo es, probablemente insoportables para oídos tan piadosos como los del presidente de la Generalidad. 

En la esperpéntica España de los pinganillos, aceptada por el bipartidismo, queda todavía hueco para el victimismo de las regiones con ínfulas nacionales, esas que han hecho de los «hechos diferenciales», muchos de ellos fabricados ad hoc, un resorte, una palanca para aumentar los privilegios, las singularidades. Sobre todo, por encima de todo, las económicas. Para el despliegue de este plan, es imprescindible la colaboración de Madrid, es decir, del Gobierno de turno. En el caso del actual, a su colaboración, por omisión, de la marginación del español en las calles y en la escuela pública, se une un trabajo ímprobo por conseguir que el idioma regional se convierta en oficial en la Unión Europea.

Rehén de los golpistas y del PSC, Sánchez hace todo lo posible por contentar a las sectas catalanistas. Hasta ha redactado una ley de atención al cliente que obligará a las grandes compañías que operan en España a atender en catalán y en los demás idiomas cooficiales, cuyo número irá en ascenso, a los usuarios, incluso fuera del sus Comunidades Autónomas. Todo ello en aras de una España plurinacional y plurilingüística, que daría europeísta satisfacción a las citadas sectas, de las que forman parte no sólo políticos, sino también empresarios, docentes, sanitarios y una gran parte de individuos tan resentidos como henchidos de una vana suficiencia.

El supremacismo catalanista, al cabo, es producto de décadas de adulación por parte de sus pastores y de complejos por la de quienes debieron ponerle coto. El resultado de este proceso es una región en la que el hispanoparlante, desamparado por el gobierno de la nación, siempre dispuesto, ya en su variante roja ya en la azul, a mirar hacia otro lado, ve cercenados sus derechos lingüísticos. 

La realidad, sin embargo, va por otros caminos. Pese a que Illa seguirá apretando el dogal y el narcisismo chantajista de la autocalificada gent de pau obtendrá nuevos privilegios que entenderán como hazañas ante el Estado opresor, el español sigue y seguirá siendo la lengua mayoritaria en la Cataluña no institucional. La pancarta, en definitiva, no es más que un nuevo hito en la eterna campaña de antifranquismo retrospectivo puesta en marcha hace dos décadas por Rodríguez Zapatero con su Ley de Memoria Histórica, hoy Democrática, a la que da continuidad Sánchez por motivos puramente tácticos.

En la España de 2025, Franco sigue siendo ubicuo y su caricaturización ha producido un efecto tan lógico como inquietante para el partido hegemónico del régimen del 78, ese que surgió al calor de la fórmula «de la ley a la ley»: muchos jóvenes, situados ante un negro futuro, no se tragan el cuento maniqueo.Nada hay de heroico en colgar pancartas en catalán en un Madrid cuyos viandantes caminan indiferentes por sus calles, ensimismados en calcular cómo llegar a fin de mes y esquivar el coliving y otros logros de la democracia que, dicen, nos hemos dado.

https://linktr.ee/fdisenso 

Entradas Relacionadas

Newsletter

Responsable: FUNDACIÓN DISENSO (+ info)

Finalidad: Atender y gestionar la suscripción al newsletter (+ info)

Derechos: Acceder, rectificar o suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional (+ info)

Información adicional: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en nuestra página web: Política de Privacidad