El tema de nuestro tiempo en Europa es la demografía, con sus manifestaciones como la natalidad, el envejecimiento y la inmigración. Dentro de Europa, España es el país en el que con más rapidez ha alcanzado un 20% de población de origen extranjero, producido sobre todo en los años de gobierno del socialista Pedro Sánchez.
La regularización extraordinaria ha constituido un parteaguas para la sociedad española: docenas de miles de personas haciendo colas interminables en las ciudades y los pueblos para obtener papeles emitidos por las fotocopiadoras de las ONG subvencionadas y el certificado de vulnerabilidad, que concede a su titular acceso privilegiado a la fauna de ayudas públicas en perjuicio de los españoles.
«El debate sobre la inmigración ha pasado de preguntas que se planteaban en Francia o Alemania en los años 80 del siglo pasado a otros conceptos y propuestas conocidos sólo por una minúscula minoría en redes sociales»
En los últimos meses, el debate sobre la inmigración ha pasado de preguntas que se planteaban en Francia o Alemania en los años 80 del siglo pasado (¿Es necesaria? ¿En qué proporción? ¿Se debe seleccionar en función de las necesidades y los intereses del país de acogida? ¿Deben integrarse los inmigrantes? ¿Qué es la integración? ¿Y la asimilación?) a otros conceptos y propuestas conocidos sólo por una minúscula minoría en redes sociales, como la gran sustitución y la remigración, y de los que se habla abiertamente en esos mismos países desde hace una década o más.
Junto a asuntos transversales como el encarecimiento de la vivienda en alquiler y venta, el abarrotamiento de los servicios públicos y las violaciones, homicidios y apuñalamientos perpetrados por algunos extranjeros, los incidentes ocurridos en el verano de 2025 en la localidad murciana de Torre Pacheco, en la que un grupo de inmigrantes magrebíes atacó por diversión a varios españoles, lo que causó una especie de revuelta popular, han acabado de desplazar la famosa ventana de Overton.
«VOX ha crecido gracias a un programa centrado en la inmigración y sus efectos»
El «Poder» y todos sus colaboradores, en la universidad y los medios de comunicación, habían decretado que de la inmigración, como del aborto y de la Unión Europea, no se hablaba, porque reinaba el consenso. Sin embargo, el silencio se ha trocado en estruendo, ¡y de qué manera! Las últimas encuestas indican que la inmigración y la prioridad nacional incluida por VOX en sus pactos con el PP para gobernar en alianza regiones como Extremadura y Aragón, aparte de populares, han agrietado la habitual división entre derecha e izquierda. Expresado de otra manera, gracias a este discurso, las llamémosles derechas rebasan en mucho a las izquierdas.
Lo que sostenemos se comprueba en los resultados electorales de Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde VOX ha crecido gracias a un programa centrado en la inmigración y sus efectos, de manera que, sumado a un PP que oscila entre el estancamiento o una subida mínima, las derechas se mueven entre el 52% obtenido en Aragón y el 60% en Extremadura.
Además de los registros electorales, se encuentra la opinión expresada en las encuestas. Una publicada en El País (4-V-2026), periódico de izquierdas afín al PSOE, confirma que el pendulazo está siendo una bola de demolición en el vetusto edificio político español.
«La prioridad de los españoles y el arraigo tienen en común la aceptación de la limitación de la universalidad del estado de bienestar español»
Para contestar a la pregunta de quién debería tener prioridad en el acceso a las ayudas públicas (IMV, subsidios a la vivienda, ayudas para la educación y el transporte público, bono eléctrico, etc.), se ofrecen tres respuestas. La primera es «dar prioridad a la población española» (44,2%); la segunda, «tratar a todas las personas por igual, sin establecer prioridades» (31,8%); y la tercera, «las personas con mayor arraigo en el país» (19,3%).
La prioridad de los españoles y el arraigo tienen en común la aceptación de la limitación de la universalidad del Estado de bienestar español, frente a quienes aceptan que sexagenarios recién llegados a España puedan beneficiarse de la sanidad y hasta recibir pensiones no contributivas sin haber aportado ni un euro. Esas dos opciones suman en la encuesta de El País el 63,5%.
«La regla del ‘mayor arraigo’, que tiene la importancia de contribuir a quebrar el mantra de la universalidad y la igualdad absoluta»
El criterio de la prioridad a los españoles es mayoritario en VOX (73,4%) y PP (54,7%), aunque minoritario para los votantes de izquierdas un 26,7% en el PSOE, un 14,4% en Sumar y un 10,4% en Podemos. Los partidos de izquierdas, sobre todo los que tienen el electorado más urbano y adaptado a la sociedad global (emergencia climática, viajes de Erasmus, uso de APPs para pedir comida o hacer turismo…) se decantan por la igualdad absoluta entre los nativos y los forasteros. Apoyan este criterio el 73,1% de los votantes de Podemos, el 65,7% de los de Sumar y el 52,1% de los del PSOE. Sólo se adhieren a él un 19,3% del electorado del PP y un 8,5% del de VOX.
Respecto a la regla del «mayor arraigo», que tiene la importancia de contribuir a quebrar el mantra de la universalidad y la igualdad absoluta, los porcentajes son los siguientes: un 24% en el PP; un 18,8% en Sumar; un 17,8% en el PSOE; un 15,9% en VOX; y un 10,4% en Podemos.
«En la misma encuesta, un 50% considera que la regularización empeorará (mucho o algo) el acceso a la vivienda, un 48% los servicios públicos y un 44% la convivencia»
Este movimiento político de muchos españoles tiene fundamento en la realidad y en sus preocupaciones, no en las campañas de desinformación a las que el gobierno, como la oligarquía comunitaria, gusta atribuir sus desgracias. En la misma encuesta, un 50% considera que la regularización empeorará (mucho o algo) el acceso a la vivienda, un 48% los servicios públicos y un 44% la convivencia. Ya que entre un 14% y un 12% que declaran en esas preguntas no tener opinión, los porcentajes anteriores sólo se alcanzan si se incluyen en ellos a votantes de las derechas y, también, de las izquierdas.
En otra encuesta, publicada por El Mundo el mismo día, sobre los acuerdos entre el PP y VOX, se preguntaba a los encuestados su opinión sobre la prioridad nacional, entendida como «arraigo real, duradero y verificable en el territorio». Entre la población general, la apoya «bastante» o «totalmente», un 46% y la rechaza un 23,2%, mientras que un 15,5% dice estar «poco» de acuerdo. Por último, un 15,2% no sabe o no contesta. Los varones se adhieren a ella en un porcentaje mayor que las mujeres: 50,7% frente a 41,5%.
«VOX está haciendo lo que el PP no puede. A la manera de otros partidos identitarios, está irrumpiendo en el electorado de la izquierda»
Con el recuerdo de voto, aprueba «bastante» o «totalmente» la prioridad nacional un 22,3% de votantes del PSOE y un 15,2% de los de Sumar. Un dato llamativo es el de quienes votaron a otros partidos o se abstuvieron; aquí, el número asciende a un 23,8%.
Es decir, las creencias progresistas y globalistas de que «las naciones no importan», «todos somos seres humanos» y «nuestros abuelos también migraron», las rechazan porcentajes minoritarios, pero crecientes de los partidos de izquierdas, hasta ahora sus difusores en la sociedad española. Y ese grupo es mayor en el PSOE. Por tanto, VOX está haciendo lo que el PP no puede. A la manera de otros partidos identitarios, como el francés RN, el alemán AfD, el austriaco FPO y el portugués Chega, VOX está irrumpiendo en el electorado de la izquierda (sobre todo, el más dependiente de los servicios públicos), al que ésta ya no puede mantener encerrado en los marcos mentales del globalismo.
De esta manera, VOX podría aportar los votos necesarios para formar una mayoría absoluta en las Cortes en las próximas elecciones. Para ello, aparte de confirmar con hechos las promesas hechas en Extremadura y Aragón, el PP y sus obedientes creadores de opinión deberían dejar de tratar a VOX como su mayor enemigo y centrarse en señalar a los errores, las aberraciones y hasta los delitos del PSOE y Sánchez. Los electorados de VOX y PP no son coincidentes, sino complementarios.