Llanto por la honestidad cultural: Urtasun quiere borrar a Ignacio Sánchez Mejías de la Generación del 27

El ministro progresista Urtasun vuelve a confirmar su gestión sectaria y su odio a la fiesta nacional.
Urtasun

Metidos ya en estas profundidades de la legislatura, no es incurrir en ningún radicalismo declarar que Ernest Urtasun pasará a la Historia como el ministro de Cultura más sectario desde la aprobación de la Constitución de 1978. Entró ondeando la bandera del antifascismo, con la intención explícita de someter al ministerio hasta convertirlo en una pieza más de la maquinaria propagandista de la izquierda plurinacional actual. Una de sus actuaciones más recientes se encuentra entre las más llamativas: borrar de las celebraciones del centenario de la Generación del 27 al torero Ignacio Sánchez Mejías, figura clave en la formación de ese grupo, tanto en el plano de la inspiración como en el de la financiación.

La figura que cancela Urtasun vivió empapada de curiosidad y espíritu aventurero: más allá de los toros, lo mismo jugaba en un equipo de polo que escribía obras teatrales, de las cuales dos fueron estrenadas. También tuvo cargos institucionales como presidir la Cruz Roja o el Real Betis Balompié.

El gran Federico García Lorca, amigo acostumbrado a su hiperactividad, se estremecía al verlo con la quietud de un muerto en su famosa elegía, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), donde interpela al cuerpo de su amigo: «Vete, Ignacio: no sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!». Aquello fue un final cruel, con una agonía de dos días de duración, hasta que se lo llevó la gangrena en un hospital de Madrid, al que había sido trasladado desde la plaza de Manzanares. Le cogió un toro llamado Granadino, el 11 de agosto de 1934. Fue a las cinco de la tarde, como repite el poema lorquiano de manera hipnótica y memorable. 

Recordemos un par de datos esenciales del 27. El primero debe ser que incluye a figuras tan brillantes de nuestras letras como a Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, entre otros. En el acto fundacional se da un homenaje al poeta barroco Luis de Góngora. Se celebró en el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927, fecha de la que toma el nombre esta generación. Una vez terminado el tributo cultural, Sánchez Mejías invitó a los ponentes a una celebración en su finca de Pino Montano.

Sánchez Mejías escribía en el periódico La Unión las crónicas de todas las corridas a las que acudiese, incluidas en las que él actuaba. Siempre preocupado por el bienestar de sus amigos, consiguió a Alberti trabajo de banderillero porque «los poetas de mueren de hambre». Por desgracia, se le ocurrió este recurso poco antes de retirarse, con lo que Alberti no ganó mucho dinero. Con Lorca hizo una fuerte amistad a través de La Argentinita, emblemática bailarina, coreógrafa y cantante con la que tuvo una aventura mientras seguía casado. Esta vida de novela de aventuras, con la fiesta nacional en el centro, quiere borrarla Urtasun simplemente por su militancia antitaurina, seguramente consecuencia de su militancia antiespañola, la de esa generación actual de izquierdistas que quieren aplastar nuestra cultura entre el rodillo homogeneizador global y el modelo centrifugador del estado plurinacional.

Existen, al menos, dos maneras de comprender el privilegio de ser ministro de Cultura de España. La primera es reconocerte responsable de custodiar un legado inmenso, que debemos cuidar para nuestros sucesores. Se trata de un ministerio que conecta a los españoles muertos con los vivos, y a todos ellos con quienes aún están por nacer (y, por supuesto, con cualquier extranjero que se asome con admiración o simple curiosidad a nuestra vida como pueblo). Urtasun ha rechazado de plano este enfoque para centrarse en una idea de puritana, la de que su trabajo es ejercer como una especie de censor, cuya labor es podar de nuestra memoria todo lo que quede fuera del paradigma progresista del siglo XXI.

Cuando ya nadie recuerde al ministro Ernest Urtasun, los devotos de la poesía seguirán recitando los versos «muerto y sólo muerte a las cinco de la tarde. Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena». El legado del torero sigue más vivo que nunca, con recordatorios tan diversos como José Antonio Morante triunfando en corridas de homenaje en 2010 o el rapero de Moratalaz llamado El Coleta mencionándole en una de sus canciones, «Esto es el principio».  El compositor Tomás Marco, figura central de nuestra cultura reciente, musicó en 1985 la elegía de Lorca, obra que publicó a finales de 2024. La composición de Marco se divide en cuatro partes y, en formato cedé, incluye una versión abreviada de la música con lectura de la elegía a cargo de la actriz Margarita Xirgú.

La taurofobia de Urtasun impide, por ejemplo, que obras como esta —con participación de una mujer— se incorporen a las celebraciones de dentro de dos años. Con el sanchismo en fase agónica, corresponderá a otro ministro torear con la visión sesgada con la que Urtasun ha echado a andar los homenajes por la Generación del 27. 

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