Una idea verde diferente: el realismo energético de Hungría en el politizado debate climático

Desde 2013, el gobierno de Orbán emprendió una gran reducción de los precios de los servicios para evitar que la población quedara expuesta a los operadores del mercado.

El cambio climático y la política energética se han convertido en uno de los ámbitos políticos más complejos y controvertidos de nuestro tiempo, cada vez más impulsados por la ideología. Con los objetivos de sostenibilidad y descarbonización en el centro de la agenda política de la UE, y con los nuevos estándares y expectativas que se imponen a los Estados miembros —cada vez más politizados—, el debate sobre la energía renovable y la política climática se ha transformado en una cuestión política y en un campo de batalla ideológicamente marcado, moldeando regularmente los debates de los partidos en el Parlamento Europeo y el discurso público.

Una vez más, los principios de la política energética húngara engloban un conjunto de enfoques que difieren significativamente de la corriente principal de Europa Occidental. Una parte integral de la estrategia energética de Hungría es el papel destacado de la energía nuclear, la política de reducción del coste de la electricidad y la continuación de las importaciones de gas ruso.

Según la postura húngara, aunque las complicaciones del cambio climático son globales, los remedios eficaces y las soluciones de mitigación deben buscarse a nivel local, es decir, en el ámbito de los Estados miembros. Para ello, los Estados deben cooperar eficazmente, teniendo siempre en cuenta los intereses nacionales. El enfoque de Hungría respecto a la protección del clima está definido por un fuerte énfasis en la soberanía y en la primacía del interés del Estado-nación. Para lograrlo, las ambiciones de política energética del país se pueden descomponer en diferentes principios.

Las centrales eléctricas juegan un papel clave en la producción de energía en Hungría. Según datos de 2023, la central nuclear de Paks, en el sur del país, produjo la mayor parte de la energía nacional, representando el 39 % del total anual. La aceptación de la energía nuclear por parte de la UE como energía verde fue un hito especialmente importante en los esfuerzos de Hungría hacia la reducción de emisiones de carbono.

El principio de neutralidad tecnológica es crucial en la política energética húngara, cuyo objetivo es evitar que ciertos tipos de producción energética se excluyan por razones políticas. La idea de que ya existen tecnologías «buenas» y «malas» es un producto de la sobrepolitización de la protección climática. La energía nuclear, a menudo demonizada por los partidos verdes y gran parte de las élites de Europa Occidental, tiende a clasificarse en el grupo de las tecnologías «malas». Estas categorizaciones son impulsadas más por ideología que por criterios profesionales. Sin embargo, en el caso de Hungría, el uso de la energía nuclear goza de un apoyo social considerable.

Según datos de 2022, el 68% de la población húngara cree que una parte significativa de la electricidad debería producirse en centrales nucleares. Con este porcentaje, Hungría está entre los Estados miembros más favorables a la energía nuclear. Sucede lo contrario que en España, donde la retórica fuertemente antinuclear del actual gobierno contraría la opinión de la sociedad española.

La estrategia energética húngara también se guía por la aplicación del principio de «quien contamina, paga», que encarna una política energética responsable. En consecuencia, los costes de reducción de emisiones de CO₂ deben ser asumidos por los principales contaminadores.

Otra parte integral de la política del gobierno húngaro es someter los precios de los servicios públicos al control de las autoridades. Desde 2013, el gobierno de Orbán emprendió una gran reducción de los precios de los servicios para evitar que la población quedara expuesta a los operadores del mercado. Con la introducción de estos recortes, los precios del gas para uso doméstico se han alejado visiblemente de la media de la UE, y mientras esta ha seguido aumentando, el precio medio en Hungría ha comenzado a descender significativamente. Con los controles oficiales, una proporción mucho mayor de la población puede ahora pagar sus facturas de gas y calentar sus hogares.

Como siempre, la geografía es un factor clave en la política energética de Hungría. En ausencia de ríos caudalosos y zonas ventosas, el potencial hidroeléctrico y eólico del país es limitado y de poca importancia. En cuanto a la energía hidroeléctrica, en 1977 se firmó un acuerdo interestatal entre Hungría y la entonces Checoslovaquia para el aprovechamiento del tramo fronterizo húngaro-eslovaco del Danubio. El proyecto no se implementó finalmente, y en 1989 el gobierno húngaro se retiró del acuerdo debido a la presión social y las preocupaciones medioambientales. Sin embargo, el proyecto fue ejecutado por la parte eslovaca, que desvió arbitrariamente el cauce principal del Danubio a su propio territorio.

En cuanto a la energía eólica, la parte noroeste del país es la más adecuada para esta fuente, pero durante años la instalación de turbinas estuvo sujeta a una normativa estricta, que exigía ubicarlas a una distancia mínima de 12 km de zonas residenciales, lo que en la práctica impedía su instalación. También había razones de ordenación del territorio y ambientales. En los últimos años, Hungría ha modificado su regulación sobre turbinas eólicas en favor de los esfuerzos climáticos de la UE, aunque sigue considerándolas como una «inversión prioritaria del gobierno».

La energía solar es la fuente de energía renovable más importante para el país. El gobierno húngaro reconoce que la transición ecológica debe comenzar por los hogares, pero también reconoce que instalar paneles solares es un esfuerzo costoso. Con este fin, se proporciona un amplio apoyo público para ayudar a los hogares a realizar inversiones energéticas. Los solicitantes reciben una subvención no reembolsable de aproximadamente 13 000 euros (5 millones de HUF) para la «ecologización» de sus viviendas. El gobierno está destinando casi 270 000 euros (105 800 millones de HUF) al programa para fomentar las inversiones familiares en energías verdes.

El gobierno húngaro rechaza cualquier forma de presión política que pretenda influir en las fuentes de las que el país compra energía. Al no tener salida al mar, Hungría tiene dificultades para acceder al GNL, por lo que el suministro se realiza principalmente a través de gasoductos. Según el gobierno húngaro, el origen de la energía que llega por estas infraestructuras no debe determinarse por razones políticas o ideológicas, sino únicamente por consideraciones de mercado. Aunque Hungría trabaja activamente en la diversificación de sus fuentes energéticas, la energía rusa sigue siendo la más favorable para el país.

Desde un punto de vista infraestructural, una de las alternativas más viables al gas ruso es la energía procedente de Oriente Medio, y se están llevando a cabo negociaciones con estos países en el marco de dicha diversificación. Por ejemplo, en marzo, el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, anunció que se está trabajando con Azerbaiyán, Georgia, Bulgaria y Rumanía en la creación de un «Corredor de Energía Verde», una inversión en la región del Caspio. Este proyecto será una fuerza motriz no solo para los esfuerzos de Hungría por promover las energías renovables, sino también para la acción climática de la UE en su conjunto.

La estrategia energética de Hungría también demuestra que los esfuerzos de sostenibilidad y protección del clima no son solo cuestiones medioambientales, sino también económicas y sociales, donde el Estado debe asumir su responsabilidad. La posición del país es que, para alcanzar los objetivos climáticos, deben tomarse decisiones racionales y responsables, porque, como en todo, la prioridad debe ser que estos objetivos no conduzcan a un deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos. La política climática del gobierno húngaro se basa en los principios de soberanía y responsabilidad, donde la consecución de los objetivos no debe hacerse a costa del bienestar de la población. Esta postura subraya que la acción frente al cambio climático no debe convertirse en un arma política impulsada por la ideología. En cambio, la estrategia energética húngara se basa en los principios de seguridad de suministro, asequibilidad y neutralidad tecnológica, ya que la transición ecológica solo tendrá éxito si no obliga a amplios sectores de la población a hacer sacrificios.

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